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Editorial
Giro de ciento ochenta grados

Los españoles en conjunto debemos mucho dinero a nuestros acreedores; es un hecho que lastra como una losa funeraria la Hacienda Pública y las economías particulares. A veces, una familia o un individuo soluciona su falta de liquidez y por ende un tramo largo de futuro al recibir el legado de un pariente generoso —esté o no moral y legalmente obligado—, ¡bendita sea su estampa! Y al contrario, emborrona el porvenir si la herencia desborda cargas, gravámenes, despilfarros, cuantiosas entregas selectivas a partidarios de las mismas causas, pagos por silencio y desprestigios.
El marxismo y sus secuelas ha intentado, y en buena medida conseguido, que la vida de las personas trasladada al colectivo gravite en torno a la economía: el economicismo; y que no haya más afán que el del control de los medios productivos y de comunicación. Con estas dos armas se domina casi todo, aunque su posesión y uso no garantiza la viabilidad del planteamiento ni el éxito en la consecución de los objetivos.
Hablando del ejercicio político, la sucesión de un gobierno a otro por la decisión de cambio expresada en las urnas tampoco garantiza que el relevo implique en el acto la entrada de aire fresco y desinfectante en los Organismos, las Instituciones y otras dependencias del magnificado aparato estatal. Es más, aquellos vicios y esos defectos expandidos en la tarea gubernamental durante años, además de engrosar el penoso legado para el presente ejecutivo con muy onerosas e improcedentes partidas presupuestarias pagadas o por pagar, incluyen un apéndice internacional que se resume en el obvio descrédito y el flagrante ninguneo hacia la nación y sus nacionales. Véase el ejemplo hispanoamericano, con efecto dominó transfronterizo, e interprétese la actividad especulativa de los mercados del primer mundo.
Urge un giro de ciento ochenta grados para nuestra supervivencia; no, como sueltan las voces de irredenta ignorancia, un giro de trescientos sesenta grados, pues tal rotación es una vuelta completa, lo que equivale a seguir errando en la misma dirección. Es imprescindible el volver a figurar en los escenarios donde se amasa el poder y se hornean los diversos plazos temporales. España debe sentar sus reales si quiere emerger del averno; es decir, si prefiere el Sol a la ominosa deriva de unas supuestas alianzas que devoran al padre, al mecenas y al caritativo protector de la infamia, la incultura y el engaño.
21/05/2012 » Editores
España, Opinión
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